Entrada
Una más de las contradicciones de nuestra vida podremos analizarla desde la Liturgia de hoy. Una cosa es ser humilde, sincero, solidario, y otra cosa bien distinta es ser altanero, arrogante, inaccesible... Aunque sabemos que esto último nos repele, la mayor parte de las veces queremos mostrarnos de esa guisa, para evitar que nos tomen el pelo. Dios no lo hará; nos toma en serio; con él no valen altanerías. Tal vez por eso se nos hace difícil acercarnos a él. Probemos de hacerlo, al menos en esta liturgia dominical.
Canto de entrada:
Alrededor de tu mesa venimos a recordar (2)
que tu palabra es camino, tu cuerpo fraternidad (2).
-Hemos venido a tu mesa / a recordar el misterio de tu amor,
con nuestras manos manchadas, arrepentidos buscamos tu perdón.
Rito penitencial
† En una sociedad que compite para alcanzar fama o hacerse con un prestigio, difícilmente se puede optar por la humildad; más fácilmente se desfigura, se trampea, se dopa... Pidamos perdón:
—Tú que te haces pobre y amigo de los pobres, Señor, ten piedad.
—Tú que eres manso y humilde de corazón, Cristo, ten piedad.
—Tú que quieres de tus discípulos hombres libres que puedan acercarse a los menos favorecidos, Señor, ten piedad.
Gloria
Oración
Primera Lectura (Eclo 3, 19-21.30-31)
Esta primera lectura no nos invita a la astucia para granjearnos el éxito, sino al comportamiento sincero, sabio, que agrada a cualquiera y, sobre todo a Dios, pero que no parece fácil de practicarlo.
Salmo responsorial (67)
R/. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres
Segunda Lectura (Hb 12, 18-19.22-24a)
Aún hay quien añora aquellos tiempos de pompa y boato, de multitudes y de exteriorizaciones..., y no se ha encontrado con la verdadera fe. Ésta se identifica con Jesús, revelación del Padre.
Evangelio (Lc 14, 1.7-14)
Identifiquemos a Jesús con la auténtica humildad en la verdad, no con la falsa modestia. Acojamos su palabra, cantando el Aleluya, puestos en pie.
Oración universal
† Pidamos a Dios Padre, origen de todo bien, que nos enseñe a caminar en la verdad, y a compartir gratuitamente sus dones:
—Para que la Iglesia viva en verdad y coherencia con el mensaje que anuncia, roguemos al Señor.
—Para que quienes ostentan el poder no olviden que su responsabilidad es servir al bien común, y trabajen por los derechos básicos de los más desfavorecidos, roguemos al Señor.
—Por los excluidos del desarrollo llamados a tomar parte en la mesa común, roguemos al Señor.
—Por todos nosotros que participamos en la mesa del pan y de la palabra, para que escuchemos y sigamos a Cristo en el compromiso con los pobres, roguemos al Señor.
† Que nuestra oración llegue a tus oídos y ablande nuestro corazón. Por J.n.S.
—Amén.
Comunión
Andando por el camino, te tropezamos, Señor.
Te hiciste el encontradizo; nos diste conversación.
Tenían tus palabras fuerza de vida y amor;
ponían esperanza y fuego en el corazón.
Te conocimos, Señor, al partir el pan.
Tú nos conoces, Señor, al partir el pan.
Avisos